I (de Información)

Cada vez, todas las veces, una historia que es la misma. Ni siquiera es una historia; es, más bien, un presente continuo. Un tiempo que se repite, sin modificaciones significativas, más allá de cualquier interrupción del orden de la fecha, del lugar, del idioma o la subjetividad. Ahí está. Es el eterno retorno de la I como información.

No hay información. Hace falta información. La información es la clave. Necesitamos información. Por favor, información.
Hay información, pero es inaccesible. La información no circula. La información no se entiende. Hace falta más información. Otra información.

Todo el mundo sabe algo sobre intersexualidad. Algo en particular: sabe que no sabe nada (Forcemos la sintaxis: sabe que sabe nada). Y sabe algo más: sabe que esa nada que sabe/no sabe precisa información.

Estoy de acuerdo: no hay información. Y es que es así. No hay información. Esa es mi hipótesis de trabajo. No importa cuánta información se introduzca en una charla, cuánta se despliegue en un gráfico, se compile en un libro, se imprima en un folleto o en un volante; no importa cuánta información se encuentre en la red, cuánta se elabore colectivamente en un taller, cuánta produzcan y distribuyan los medios de comunicación, cuánta circule de oídas en la familia, en el barrio, en el club o en el aula. No hay información -y la información no es la clave.

Para ser más claro: estoy convencido de que podríamos inundar el mundo de información sobre intersexualidad, y aún así encontraríamos a mucha gente, demasiada gente, repitiendo como un mantra “no hay información, la información es la clave, necesitamos información”.

El activismo intersex demanda una compleja operación de reconocimiento. Demanda reconocer el carácter histórico, contingente, medicalizado y, sobre todo, esencialmente normativo de la diferencia sexual. Demanda reconocer, también, la violencia ejercida en nombre de la diferencia sexual como nombre, y los efectos constitutivos de esa violencia, sus consecuencias irreversibles, su permanencia. Demanda reconocer, qué duda cabe, tanto la complicidad como la impotencia (después de todo, esta matriz infernal nos incorpora a tod*s y, hasta ahora, ningun* ha encontrado ni un modo eficaz de detenerla ni una manera efectiva de reparar el daño).

Imposible demandar otra cosa. Imposible satisfacer esa demanda. Su insistencia no tiene espacio en la lógica de la información: no hay contenido informativo que la soporte. Aquí no hay, ni puede haber, saber de alguien más. Informado o desinformado, todo en la intersexualidad es, desde el principio y hasta el final, autoimplicación.

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