invierno

El y yo nos encontramos en Ginebra. Ahí vive. Ha comprado un departamento que es como al él le gustan. Tiene pisos de madera, y ventanas con cortinas blancas. No tiene muebles, casi. En diagonal, cruzando la calle, hay una iglesia.

El departamento no tiene espejos. Se afeita de memoria.

Ha comprado un televisor gigantesco, y un millón de libros. La televisión funciona en silencio. Todo el tiempo.

Ha comprado un sofá.

Ha comprado vodka para cien inviernos.

saber

Cada vez hay más gente que quiere saber acerca de nosotr*s. Gente que se dedica a la antropología, gente que se dedica al periodismo; gente que se dedica a la sociología, gente que se dedica al derecho. Quieren saber pero, sobre todo, quieren saber para que se sepa, porque de nosotr*s, en realidad, no se sabe.

Aunque de nosotr*s, está visto, no se sabe, la gente que quiere saber de nosotr*s reconoce que somos parte integral de ese saber (¿social, cultural, legal, teórico?) que aún no existe. Esa gente nos busca: quiere hablar con nosotr*s.

Hay algo muy particular en esa búsqueda.

La gente que quiere saber acerca de nosotr*s nos busca como testimoniantes; más aún: como testimoniantes que encarnan aquello de lo que bien o mal pueden dar testimonio. Y si es mal, mejor. A esa gente no le interesan los testimonios articulados –es decir, nuestro propio saber. Sólo le importa la experiencia, y cuanto menos articulada, mejor. Esa gente quiere la vida, quiere la carne en bruto.

Demasiadas palabras le complican la cosa.

buitres
buitres